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La nueva Europa de los trabajadores

La nueva Europa de los trabajadores La nueva Europa de los 25 debuta con un acontecimiento que muchos tildan de histórico, la redacción, aprobación, refrendo y puesta en vigor de una Constitución europea. Este marco, dicen sus promotores, habrá de ser guía para la reforma de Constituciones nacionales y la elaboración de nuevas leyes en cada uno de los estados miembros.

Pero es tan, tan, tan liviana... Tan general y vaga... En honor a la verdad, no podría ser de otra manera. Ya de por sí las Constituciones nacionales suelen ser decálogos de cuestiones muy generales, cuya profundización jurídica ha de llevarse a cabo en las Leyes Orgánicas y sus desarrollos legislativos. Hasta ahí, vale. Precisamente por ello, el carácter histórico de la Constitución europea se limitará a la mera fecha, a lo simbólico, pero tendrá pocos efectos en la vida diaria, en la práctica.

Lo cual no quita para que haya que estar atentos. Los trabajadores en especial.

Radio Nacional de España-Radio 5 emitía el pasado 18 de noviembre una larga entrevista con Cándido Méndez, cabeza de UGT y ahora presidente de la Confederación Europea de Sindicatos (CES). En esta entrevista, Méndez hablaba de la significación que tendrá esta Constitución europea en las futuras leyes laborales y sociales de los estados europeos. Esta CES aboga por un "sí" al texto europeo. "Crítico", pero "sí" al fin y al cabo.

Dejaremos aparte el hecho de que la CES es una estructura burocrática, que asume la postura del común de los trabajadores europeos igual que el Parlamento europeo se autodenomina representante del pueblo europeo. Por eso mismo, la CES hay que tomarla con el mismo escepticismo que merece el Parlamento Europeo y, en general, casi todo el proceso de construcción europea, escasamente legitimado por el europeo medio.

Pero lo que sí que hay que tener en cuenta es que esta Constitución europea, vaga o no, es Ley. Ha de ser refrendada por cada uno de los estados en consulta popular y, sobre todo, ha de ser traspuesta a la Ley de cada uno de los estados. Y aquí surge el quid de la cuestión. No tanto por la Constitución europea en sí, sino por la interpretación y trasposición que haga cada Estado.

El "sí" propuesto por la CES se basa en la introducción de estos conceptos para la futura Europa: "Economía social de mercado tendente al pleno empleo" y "protección social". Es decir, la Constitución europea se proclama garante de lo que llaman el modelo social europeo, de impuestos progresivos, redistribución de la riqueza y servicios públicos universales; aquello del Estado de Bienestar. Asimismo, un documento anexo a esta Constitución, la Carta de Derechos de los Trabajadores europeos, se considera como un gran avance social y de protección laboral.

Pero el propio carácter poco profundo de esta Carta Magna continental borra el efecto práctico de este supuesto avance, apenas un consejo que cada Estado podrá asumir, entender y poner en práctica a su manera. Porque cada fuerza política, cada ideología, entiende de manera muy diferente la manera de llegar al pleno empleo o la de edificar y gestionar los sistemas de protección social.

Así que digamos, de momento, que la Constitución europea no pasa de ser un documento de mínimos, con unos conceptos lo suficientemente generales como para ser aceptados por casi todo tipo de partidos políticos. La guerra estará en ver cómo se traspone esta Constitución en España, cómo la leen y la reescriben nuestros políticos. ¿Esperanzas para la mejora general de la condición de las clases trabajadoras? En España, ya se sabe, pocas. Por eso hay que empezar a vigilar, a informarse y a replicar.

Un buen inicio sería escuchar la propia entrevista a Cándido Méndez en Radio Nacional. En este enlace se puede encontrar la página en la que se incluye el documento. Hay que activar el link "programas guardados". El primero de los archivos remite a esta entrevista.

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